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Uno de los cabreros asegura que ha visto cómo el agua arrastraba piedras como camiones en Las Torres
(Diario de Avisos)
Simón Zamora Arona
Los cabreros no están en contra del desarrollo turístico y afirman que ahora hay más comodidades que antes pero quieren que las cosas se hagan bien y que se respeten los cauces.
Los cabreros se quejan de que no se respetan los cauces de los barrancos. Los más afectados son los de Los Cristianos, Las Torres y la desembocadura de La Enramada.
Salvador González Alayón, de 83 años, y Sebastián López, de 58, son cabreros de toda la vida que conocen los barrancos de Arona y Adeje como la palma de su mano. Son conscientes del poder de la madre naturaleza cuando el hombre no la respeta y durante su vida han visto correr el agua con una violencia inimaginable, con piedras como camiones arrastradas desde las cumbres.
Ya se han hecho muchas urbanizaciones que obstaculizan el discurrir natural de las aguas cuando llueve con intensidad y nadie les ha preguntado nada. Ingenieros, técnicos y constructores han trabajado sin cesar todos estos años y no han consultado a los más viejos, los más sabios del lugar sobre la naturaleza canaria tras muchos años de observación en el campo.
Después de las inundaciones de Santa Cruz de Tenerife las diferentes administraciones se han puesto manos a la obra para corregir la situación y en el sur también se realizan trabajos para evitar que urbanizaciones y carreteras se vean invadidas por el agua cuando llueve con fuerza en la comarca.
Dos de los cabreros más veteranos del sur han concedido una entrevista a este periódico en la que ofrecen sus opiniones sobre lo que se ha hecho y lo que se debería corregir para evitar posibles catástrofes naturales. Hay quien dice que son inevitables, pero los cabreros recuerdan una evidencia: el agua tiene que bajar al mar por cauces y algunos de ellos los ha obstaculizado la intervención humana. Los cabreros no están en contra del desarrollo turístico y afirman que ahora hay más comodidades que antes pero quieren que las cosas se hagan bien y que se respeten los cauces. A pesar de las construcciones actuales creen que hay soluciones y desconfían de la efectividad de algunos tubos que se han colocado debajo de la tierra porque ya se han obstruido en recientes temporales de agua.
Las administraciones. "Los barrancos son de muchas administraciones y se tiran la pelota de un lado a otro y hay que tener claro que lo que es del barranco es del barranco", considera Sebastián López, un cabrero de Armeñime, mientras que Salvador González Alayón cree que la desgracia de las inundaciones "la está sembrando el hombre". Los barrancos que peor están en la actualidad según estos dos cabreros son los de Las Torres y La Enramada, en Adeje, y en Los Cristianos apenas se diferencian ya los cauces. "Está todo parejo", comentó Alayón. Otro punto conflictivo es el del cruce de Guaza como se ha demostrado en las últimas lluvias, aunque hay muchos más lugares en los que se han ocupado los barrancos y puede haber problemas con precipitaciones muy intensas.
Según Sebastián López, más conocido como Chano, el barranco más peligroso en la actualidad en Adeje es el de Las Torres. "Tarda en correr, pero cuando el agua baja con violencia es el más peligroso", aseguró este cabrero, que cree que las construcciones que se hacen allí son "una bomba de relojería". Chano critica los escombros que se han echado en el barranco, las transformaciones con curvaturas y movimientos de tierras y considera que las canalizaciones para que baje el agua son insignificantes. El depósito de agua de Las Torres está rodeado por el barranco y, a su juicio, una tromba de agua sería peligrosa para las casas y la autopista. En ese barranco había una fábrica de arena que ha depositado el agua a lo largo de los años y en la finca de Fyfes antes había una pared para que no se desbordara el agua del barranco.
Los ingenieros. "No sé qué ingenieros hicieron eso, pero no saben nada de la naturaleza", dijo. "Al menos deberían preguntárselo a un mago del campo", dijo en referencia a sí mismo porque asegura que nunca nadie de las administraciones ni de los equipos técnicos le ha consultado a pesar de su conocimiento de los barrancos. Sebastián López recuerda cómo hace más de 50 años el barranco de Las Torres corrió igual que un río. "Todavía tengo las imágenes grabadas y he observado cómo el agua, que tiene mucha fuerza, arrastra piedras como camiones y Dios quiera que no lo vuelva a ver más", comentó. "He visto llover desde las 9 de la mañana hasta las 9 de la noche y los callaos producían fuertes ruidos al llegar al mar", recordaba este cabrero. Además hizo alusión a las construcciones turísticas en la desembocadura del barranco del Infierno, en La Enramada, donde han estrechado el cauce. "En la costa las cosas están muy mal en las desembocaduras de los barrancos", opinó este cabrero. Otro barranco con obstrucciones en la costa, asegura López, es el de Erques porque en su desembocadura al mar se ha construido una piscina. "Lo que es del barranco es del barranco", insistió este cabrero, un dicho que, afirmó, comparten los más ancianos del lugar. De hecho Sebastián López asegura que las construcciones que se hacían antes eran mejores porque respetaban la naturaleza y cuando era necesario se hacían muros de contención en los bordes de los barrancos para evitar el paso del agua. "Las paredes de los viejos de antes no se las ha llevado el agua", puso como ejemplo.
Otro lugar del que se queja es el barranquillo de Los Ovejeros en Fañabé, donde se forman las inundaciones en la autopista porque se ha tapado su desembocadura. Aunque Sebastián López cree que esos problemas tienen solución haciendo canalizaciones buscando el firme del barranco por donde no hay casas, evitando las curvas y colocando muros de contención para que el agua baje sin tropiezos en lugar de muritos de adorno.
En La Caleta cree que se debería hacer un puente con las debidas condiciones en lugar de poner tubos porque, a su juicio, la infraestructura actual no sirve. "Si no saben cómo corren los barrancos que le pregunten a un mago", insistió para referirse a los que llama "propagandistas". A Sebastián López, que ha sido cabrero día y noche desde los 7 años y conoce los barrancos y sus cuevas metro a metro le gustaría que le consultaran sobre este asunto para echar una mano y cree que Arona también se encuentra mal en lo que a barrancos se refiere. No opina lo mismo de Santiago del Teide y Guía de Isora, donde el único problema que existe ya se está solucionando con la mejora del puente de antes de llegar a Playa San Juan. El barranco pide lo que es suyo. El conocido cabrero aronero Salvador González Alayón tiene 83 años y opina lo mismo que Sebastián López en cuanto al poco respeto hacia los barrancos. Y también sabe que hay que conservarlos porque vio en los años 30 cómo el agua arrasó con invernaderos y los inundó por completo. "Luego no nos puede parecer mal que venga el barranco y pida lo que es suyo", dijo. En Los Cristianos apenas se notan ya los dos barrancos que desembocaban en las playas de Los Tarajales y Los Cristianos y todavía se sigue construyendo por donde bajaban las aguas de la montaña, comentó Alayón. En cuanto al barranco de los Chijafes, que pasa por el puente de Guaza, más de lo mismo, y Alayón cree que las tuberías actuales no sirven para evitar las inundaciones. "Habría que quitar la circulación debajo del puente y dejar una altura de unos dos metros", explicó. En esa zona la urbanización de La Estrella está edificada sobre el barranco, recordó. Salvador González Alayón también cree que hay soluciones haciendo grandes canalizaciones con caudales similares a los de los antiguos barrancos y con muros de contención para que el agua llegue al mar sin sobresaltos. En las antiguas comunidades humanas el consejo de ancianos, conocedores de la vida y la naturaleza, era consultado para todo. Ahora, con tanta especialización de la economía, cada uno sabe de lo suyo y no pregunta a nadie y más si se gana dinero. Ya es hora de que se tenga en cuenta la opinión de los científicos que estudian la naturaleza y de los cabreros, que a lo largo de sus vidas han observado como nadie el comportamiento de los barrancos.